Vehículos  Eléctricos vs. Vehículos  de Combustión

Carros Eléctricos vs. Vehículos de Combustión

La transición hacia los vehículos eléctricos se ha acelerado en todo el mundo, y América Latina no es la excepción. Sin embargo, todavía existen dudas: ¿realmente contaminan menos? ¿son más económicos que los de combustión interna?

En este artículo, comparamos vehículos eléctricos vs. de combustión en el contexto latinoamericano. Incluimos datos recientes de la región, estudios internacionales y políticas públicas que impulsan la electrificación del transporte.

Impacto ambiental: emisiones y huella de carbono

Un surtidor de gasolina frente a un cargador eléctrico simboliza el cambio de era en la movilidad. Las diferencias en emisiones entre un vehículo eléctrico y uno de combustión se evalúan a lo largo de todo su ciclo de vida: producción, uso y disposición final.

Numerosos estudios han demostrado que, incluso considerando la fabricación de baterías y la generación eléctrica, los vehículos eléctricos emiten menos CO₂ que los de gasolina o diésel.

Por ejemplo, un estudio de la Universidad Técnica de Eindhoven comparó un Tesla Model 3 con un Mercedes C220 diésel. El resultado: el Tesla emite 65% menos CO₂ por kilómetro (91 g CO₂/km vs. 260 g CO₂/km). Después de unos 30.000 km recorridos, el Tesla compensa la “deuda de carbono” de su batería. Desde entonces, cada kilómetro adicional representa una ventaja ambiental.

Por otro lado, una investigación de la Universidad de Míchigan, con apoyo de Ford, halló que aunque fabricar un eléctrico genera más emisiones al inicio, esta diferencia se anula con el uso. Los sedanes eléctricos emiten alrededor del 35% de los gases de efecto invernadero que produce un modelo a gasolina, mientras que las SUVs y pickups eléctricas generan 37% y 34% respectivamente.

En resumen, un vehículo eléctrico reduce entre 50% y 70% las emisiones totales frente a uno de combustión. El tiempo necesario para compensar la huella adicional de su batería suele ser de uno a dos años de conducción.

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El rol de la matriz energética

Mientras más limpia sea la generación eléctrica de un país (con más energía solar, eólica o hidroeléctrica), mayor será la ventaja ambiental de los eléctricos. Incluso en naciones donde aún se usa carbón, los expertos calculan que un eléctrico sigue emitiendo menos CO₂ tras unos 70.000 km de uso.

Además, las baterías modernas son más duraderas y eficientes. Superan fácilmente los 500.000 km de vida útil y su fabricación es menos contaminante que hace unos años. De hecho, las emisiones por producir baterías han caído de 175 kg CO₂/kWh (en 2017) a menos de 75 kg CO₂/kWh según análisis recientes.

Por lo tanto, el consenso científico actual es claro: los vehículos eléctricos ya hoy son más limpios que los de combustión, y esta brecha crecerá a medida que avance la tecnología y se descarbonicen las redes eléctricas.

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Beneficios para la salud y el entorno urbano

Además del impacto climático, los eléctricos no emiten gases contaminantes durante su uso. Al no tener tubo de escape, ayudan a reducir partículas y óxidos de nitrógeno (NOx), mejorando la calidad del aire y la salud respiratoria en las ciudades.

Por lo tanto, la electrificación del transporte aporta beneficios tanto en la lucha contra el cambio climático como en la calidad de vida urbana.

Costos: ¿son los vehículos eléctricos más económicos a largo plazo?

Uno de los principales obstáculos para la adopción masiva de los eléctricos ha sido su costo inicial más alto. Las baterías encarecen el vehículo, y en muchos países latinoamericanos un auto eléctrico nuevo aún cuesta entre 50% y 100% más que un modelo similar a gasolina.

Sin embargo, esta diferencia se reduce rápidamente gracias a economías de escala, menores precios de baterías y nuevos modelos asequibles (muchos de origen chino). Además, varios gobiernos ofrecen incentivos fiscales y arancelarios que bajan el costo final para el consumidor.

Costo total de propiedad (TCO): la clave de la comparación

Al analizar el costo total de propiedad (TCO) precio inicial más gastos de operación y mantenimiento, los eléctricos suelen ser más ventajosos en el largo plazo.

Tienen menos piezas móviles, no requieren cambios de aceite y sus frenos regenerativos reducen el desgaste. Además, la electricidad es más barata que la gasolina o el diésel por kilómetro recorrido.

Por ejemplo, un estudio de la Universidad de Míchigan estimó que cargar un vehículo eléctrico cuesta menos de la mitad del gasto anual en combustible de un auto convencional. En países con combustibles caros, como Chile o Uruguay, el ahorro operativo es aún mayor.

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Punto de equilibrio: cuándo el eléctrico supera al de combustión

El tiempo necesario para recuperar la inversión inicial depende del uso. Para un conductor promedio que recorre unos 15.000 km al año, el punto de equilibrio se alcanza en alrededor de cinco años.

Con los nuevos incentivos, como créditos fiscales, estacionamiento gratuito o descuentos en peajes, ese plazo puede acortarse significativamente.

En América Latina, aunque no todos los países ofrecen subsidios directos, existen medidas como exenciones de IVA e impuestos de importación que reducen el precio al comprador.

Por lo tanto, aunque el precio inicial sigue siendo mayor, los menores costos operativos hacen que un carro eléctrico sea más económico a largo plazo. Además, se espera que entre 2025 y 2028 los precios de eléctricos y de combustión se igualen en varios países de la región.

La electrificación como cambio estructural

La comparación entre vehículos eléctricos y de combustión demuestra que la electrificación del transporte es un cambio estructural, no una moda pasajera.

Las mejoras tecnológicas, la caída del costo de las baterías y las políticas públicas están acelerando esta transición. Por eso, invertir en infraestructura de carga, software de gestión o alianzas estratégicas no es solo una oportunidad comercial, sino una forma de preparar tu negocio para el futuro sustentable que ya comenzó.

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